viernes, 2 de mayo de 2008

La familia Savage

T.O: The Savages
Dir: Tamara Jenkins
Int: Laura Linney, Philip Seymour Hoffman, Philip Bosco.
EEUU, 2007, 113'

Mierda
En su libro “Patrimonio”, en el que relata la enfermedad y muerte de su padre, Philip Roth relata cómo se vió en la necesidad de tener que limpiar el cuarto de baño cuando la progresiva decadencia física de su padre le hizo incapaz de controlar sus esfínteres: “Uno limpia la mierda de su padre porque no hay más remedio que limpiarla, pero después de hacerlo, todo lo demás que hay que sentir se siente cómo jamás antes se había sentido (….). Ese era mi patrimonio: no el dinero, ni los tefelines, ni el cuenco de afeitar: la mierda.” Algo parecido experimentarán Wendy y Jon Savage (Laura Linney y Philip Seymour Hoffman, extraordinarios) cuando su padre, Lenny (Philip Bosco), se dedique a hacer garabatos con sus propios excrementos en el cuarto de baño.

La vejez y decadencia humanas están íntimamente ligadas a los excrementos y otros de nuestros fluidos desde que la longevidad alcanzada por nuestra especie hace que las diversas formas de demencia y pérdida de facultades mentales que conlleva una prolongada existencia sean moneda corriente. En nuestra sociedad hedonista y de culto a la juventud, eso supone un problema, claro. Para la directora norteamericana Tamara Jenkins ya era hora de hacer una comedia sobre todo esto: ¿De que manera nos las arreglamos para tratar con nuestros mayores, teniendo en cuenta que éstos nos recuerdan la inevitable decadencia de nuestra condición, y en última instancia la inevitabilidad de la muerte, aspectos que nuestra sociedad intenta mantener a toda costa fuera de campo?

Creando reductos para mantenerlos apartados, disfrazados de paraísos para la vejez, cómo por ejemplo el casi surrealista “Sun Valley” en el que arranca la película, una especie de oasis construido en medio del desierto de Arizona donde los ancianos de familias adineradas van decayendo mientras juegan al golf o ensayan números musicales. O en una fortaleza de aspecto aristocrático, cómo “Green Hill Manor”, que a pesar de su excelso aspecto, sirve por igual para ocultar el dolor, la soledad y la muerte, cómo subraya el personaje de Philip Seymour Hoffman. Si uno no tiene un nivel económico tan alto, puede aspirar a una residencia más modesta cómo la que eligen finalmente los protagonistas, en la que a pesar de que no se maquillan tanto las apariencias, la muerte queda, una vez más, a distancia.

Los siguientes
Claro que enfrentarse con la muerte, para Wendy y para Jon, significa también otra cosa: reconocer que ellos se encuentran en la mitad del camino. Y para ellos, eso es bastante parecido a estar en ninguna parte. Probablemente, cuando el viejo Jenny enterrara a su padre se encontrara con su vida en cierta medida encarrilada, con sus aciertos y sus errores (de los que no se habla en la película, aunque nos hace entender que la vida familiar no fue muy plácida), mientras que sus hijos, recién comenzada la cuarta década de su vida, aun no saben demasiado bien que demonios están haciendo con ella.

Ambos son intelectuales neoyorquinos con aire de estar pidiendo constantemente perdón por ser tan snobs. Jon, profesor universitario especializado en Bretch, no se decide a mantener una relación seria con su novia polaca antes de que ésta vuelva a su país, mientras se concentra en un interminable ensayo sobre el dramaturgo alemán. Wendy, por su parte, no es capaz de sacar adelante su carrera como autora teatral mientras mantiene una relación irrespirable con un hombre casado. La evolución de sus historias personales va íntimamente unida a la trama principal y se retroalimenta de ésta: por primera vez se ven obligados a considerar la posibilidad de su propia muerte (son los siguientes en la fila, como se suele decir) y eso les obliga a considerar con más madurez las decisiones que toman en sus vidas, y dejar de lado el infantilismo con el que actuaban hacia ese momento.

Una estilización sutil
A pesar de que pueda parecer una película realista, incluso con toque costumbristas, la inteligencia de la puesta en escena de Jenkins consiste en emplear sutiles elementos antinaturalistas, a veces llegando a entrar en el campo de la caricatura, pero sin que esos elementos nos produzcan demasiado extrañamiento, más bien un ligero distanciamiento que la directora emplea para llevar su película al terreno de la comedia. Jon y Wendy, para empezar, son personajes presentados como caricaturas tiernas, exagerando una serie de rasgos cómo la dejadez y el descuido personal de Jon o la manía de Wendy por llevarse a la boca cualquier pastilla que se encuentre a lo largo del metraje.

Gran parte de la eficacia dramática de la película se debe a las excelentes composiciones de lugar: Jenkins es una directora que sabe el valor que tienen los escenarios en los que se desarrolla la acción a la hora de crear una atmósfera o sugerir sentimientos. El contraste con el que pasamos del cálido y marciano “Sun valley” a la fría y prosaica residencia de ancianos donde acabará sus días Lennie es un ejemplo muy claro de cómo dos ambientes distintos sirven para definir dos estados de ánimo, pero también funcionan de manera semejante las descripciones del apartamento de Wendy (esforzadamente cálido) o de la casa de Jon (una pocilga, cómo podemos imaginar, aunque con su pequeño rincón donde alejarse del mundo y dedicarse a sus cosas)a la hora de definir sus personalidades.

Mención especial requiere el apartado del sonido, donde la directora se explaya con efectos poco realistas que efectúan un comentario caústico sobre la acción: la sonido repulsivo con al que oímos a Wendy masticar cereales (en la presentación del personaje) cómo antes habíamos oído hacerlo a su padre; la furia animal que va apropiándose poco a poco del sonido de sus pasos a medida que se abalanza una anciana que le ha quitado un cojín a su padre…Mediante el uso de la banda sonora, Jenkins se aleja más aun del realismo para emplear un tono irónico y distanciador que mitigue la dureza de las situaciones a las que se enfrentan los personajes, unas situaciones que al fin y al cabo no están demasiado lejanas de lo que podría vivir cualquiera de nosotros.