miércoles, 24 de octubre de 2012

Videoclip: Paradise, de Wild Nothings, con Michelle Williams

Una de nuestras actrices favoritas, Michelle Williams, ha decidido seguir el camino de otras estrellas de Hollywood como Shia LaBeouf o Jake Gyllenhaal y se  ha apuntado a un videoclip indie. Se trata de la canción Paradise, del grupo norteamericano de dream-pop Wild Nothing. El director ha sido Matthew Amato. 

Según un comunicado de prensa, el video "es una crónica de un viaje en avión y el paraiso que se encuentra justo debajo de la ventanilla". En él, Michelle coge un vuelo ella sola y se va a las cataratas del Niagara, probablemente para estar consigo misma y reflexionar al ritmo de la música evocadora de Wild Nothing. Durante el vuelo, la actriz lee un fragmento de la novela A Word Child, de Iris Murdoch.


domingo, 21 de octubre de 2012

Cosmópolis



Dir: David Cronenberg


Int: Robert Pattinson, Juliette Binoche, Paul Giamatti, Sarah Gadon, Samantha Morton.


Canada, Francia, Portugal, Italia, 2012. 109'


Aunque nunca ha sido considerada una de esas novelas imposibles de adaptar, tampoco se puede decir que Cosmópolis, de Don DeLilllo sea un material demasiado cinematográfico. Básicamente es una novela filosófica en la que su protagonista, un joven asesor de inversiones de Wall Street, se encuentra diferentes personajes con los que intercambia ideas, en unos diálogos altamente cargados de significado, también de ironía. Se dicen cosas como: “El dinero ha dado un vuelco. Toda la riqueza ha pasado a ser riqueza por y para sí. No existe otra clase de riqueza si de veras es inmensa. El dinero ha perdido sus cualidades narrativas, tal y como le sucediera a la pintura hace ya tiempo. El dinero habla sólo para sí mismo” “El poder de la información elimina todo rastro de duda. Toda duda brota de las experiencias pasadas. Pero el pasado desaparece. Antaño conocíamos el pasado , pero no el futuro. Esto está cambiando-dijo ella- Necesitamos una nueva teoría del tiempo” “Todo este optimismo, todo este crecimiento desmesurado…Las cosas suceden cual si fuera de la noche a la mañana. Una y otra son simultáneas […] Sé que hay miles de cosas que analizas cada diez minutos. Patrones de comportamiento, proporciones, índices, mapas enteros de información. Adoro la información. Es nuestra dulzura y nuestra luz. Es una maravilla tal que hay que joderse para no caerse. Y tenemos un sentido, una función en el mundo. Hay gente que come y duerme a la sombra de lo que nosotros hacemos. Todo fantástico, pero al mismo tiempo ¿Qué?”.O “Un espectro recorre el mundo, es el espectro del capitalismo”.
¿Qué fue lo que llevó a David Cronenberg a adaptar esta novela en concreto? “Los diálogos. Eran sencillamente sublimes. Me encantó el modo en que se disparaban en tantas direcciones distintas a la vez, y que fueran tan extrañamente mecánicos y deshumanizados, y a la vez tan obsesivos y apasionados bajo la superficie. Gran parte del discurso humano no es así. La realidad humana está enterrada bajo la gramática y la tecnología del lenguaje. Pensé que Don había puesto eso de manifiesto. Era el modo en que el lenguaje está entretejido con el tema del lenguaje, que no era una discusión sólo sobre el tema del capitalismo, sino sobre el futuro del capitalismo, y el futuro en el sentido en que la anticipación del futuro modula el presente. […] Pensé, esto tiene que salir de la página impresa. Por buen o mala que fuera la novela, no estuvo completamente realizada hasta que personas reales pronunciaron los diálogos.” 

Eric Michael Packer (Robert Pattinson) es el director de Packer Capital, un financiero acostumbrado a leer los movimientos del dinero como si fueran un libro abierto. Eso le ha hecho millonario quizá demasiado joven, pero últimamente está pasando una mala época: no consigue pegar ojo por las noches.  El significado del flujo de los capitales se le está haciendo ininteligible. Su apuesta por la bajada del yuan se está revelando como un desastre: en contra de toda lógica, el yuan no deja de subir. Quizá se trate de la edad: acaba de cumplir 28 años, la edad que la naturaleza señala el fin del crecimiento y el inicio de la decadencia del cuerpo humano. Antes, siempre era el más joven en cualquier situación en que se encontrarse, ahora ha comenzado a tratar con gente más joven que él. Decide que lo que necesita es un corte de pelo en la otra punta de la ciudad. ¿Por qué? Quizá así el valor de cambio se encuentre con el valor de uso y el dinero vuelva a tener sentido, deje de ser una pura abstracción numérica: el capital se convertiría en algo que se intercambia por un bien o un servicio, no por más capital.  También porque en ese barrio hubo hace una décadas una enérgica industria y una vibrante clase obrera, hace tiempo convertidas en ruinas donde no se puede pasear sin pistola, al igual que gran parte de los núcleos industriales occidentales. Algo así ha ocurrido en gran medida a causa de los flujos del capital que manejan gente como Packer. Sabremos que él proviene de ese barrio, de esa clase obrera. En ese sentido, el recorrido de la limusina es también una vuelta a casa, una odisea. 

Robert Pattinson y su limusina extralarga
Hay obstáculos en el camino: una visita del presidente a la ciudad que colapsará el tráfico y dejará calles enteras fuera del mapa; el funeral de una estrella del pop, que inundará Nueva York de fans llorosos e histéricos; una protesta antiglobalización en la que un hombre se quemará vivo. Torval, el jefe de seguridad, asomará de vez en cuando por la ventanilla de la limusina para avisar de la presencia de una amenaza verosímil. También hay encuentros con augures y profetas: un técnico de seguridad informática, una analista de mercados y Vija Kinsky, su “jefa de teoría”. Además están las mujeres: una marchante de arte, una de sus guardaespaldas y la esquiva y huidiza esposa reciente de Packer, que evade todos sus requerimientos de sexo. Al final del camino habrá también alguna revelación, algún descubrimiento surgido del pasado. Ese día, todo es una pregunta cuya respuesta es incierta: mientras el yuan sigue subiendo Packer continúa aumentando su apuesta por el desplome.
Todo eso es fruto de un impulso bastante suicida, como si el protagonista quisiera comprobar dónde están sus límites. Según Cronenberg “La abstracción se ha colado en su vida, así que él mismo se siente como una abstracción. Va  a tocar fondo para sentirse humano de nuevo” La tensión entre lo concreto y lo abstracto recorre toda la película. El arte abstracto, cuyo único referente son las formas y los colores, se convierte en algo concreto cuando los manifestantes pinten la limusina con sus sprays, con un método no demasiado lejano al de Pollock. El lenguaje también es una abstracción que poco a poco va perdiendo su relación con el mundo concreto “¿Por qué seguimos llamando ordenadores a los ordenadores? No digamos computadoras” . Las cifras e imágenes que se deslizan por las pantallas de cristal que se distribuyen en el interior del coche son abstracciones, de la misma manera, las ventanillas de la limusina parecen pantallas que devuelven imágenes de una cuidad que parece estar en otra parte, como si su avance silencioso y casi imperceptible estuviese ocurriendo en realidad en el espacio exterior. 



El finbal del recorrido es un decrépito barrio industrial.
El personaje creado por DeLillo se vuelve alguien concreto al estar interpretado por Robert Pattinson, un actor que le aporta un aspecto físico, una voz y también una serie de connotaciones a través del recuerdo de sus anteriores interpretaciones, las que le han convertido en el ídolo de quinceañeras del momento. En él, Cronenberg ha encontrado un protagonista en la líneas de su anteriores héroes, como Viggo Mortensen o Jeremy Irons: una estrella dotada de la habitual combinación de carisma y atractivo físico pero que está dispuesta a jugar con su personalidad cinematográfica para explorar aspectos de ella que no suelen aparecer en los filmes más comerciales. Nadie mejor que Pattinson, en estos momentos para reflejar el aspecto de la insultante juventud del personaje: como el protagonista de Crepúsculo, Eric Packer es alguien que ha tenido el mundo en sus manos quizá demasiado pronto.
Con sus diálogos densos y filosóficos, sus improbables peripecias, las ráfagas de humor algo esquinado que recorren la película, la imprecisa ambientación de lo que puede ser el presente o un futuro no muy lejano, Cosmópolis es un cuerpo extraño dentro de la cartelera actual. Es extraña, también desafiante, algunas veces se sitúa al borde mismo del absurdo. Y sin embargo, las palabras y las imágenes sugieren múltiples significados, se racionan entre si de maneras inesperadas, buscan proyectarse hacia el mundo real, salir de la pantalla del cine. Como la novela a la que sigue casi al pie de la letra, pretende ser el retrato de un movimiento, de un recorrido del que aún no hemos visto el final. De ahí la resistencia a que el argumento esté cerrado, los significados sean precisos. Porque el recorrido de la limusina aún no ha concluido, el dinero ha perdido su narrativa y solo tiene valor en sí mismo, mientras tanto, el resto de los objetos del mundo van perdiendo poco a poco su valor y su significado.
“-¿Cuándo sabremos que ha terminado la época de la globalización?
-Cuando deje de haber limusinas blancas recorriendo Manhattan.”

domingo, 14 de octubre de 2012

Corto: Cactus River (Khong Lang Nam), (Apichatpong Weerasethakul, 2012)

Después de aparecer en mi película en 2009, Jenjira Bongpas ha cambiado su nombre. Como muchos tailandeses, está convencida de que su nuevo nombre le traerá buena suerte. Así que Jenjira se ha convertido en Nach, que significa agua. Algo después, estaba vagabundeando por internet y se encontró con un soldado retirado, Frank, de Cuba, Nuevo Mexico, USA. Unos pocos meses después se casaron y ella se convertido oficialmente en la Sra Nach Widner. 

Los recién casados encontraron una casa cerca del rio Mekong, donde Nach había crecido. Pasa la mayor parte del día tejiendo calcetines de bebé para venderlos, mientras que él disfruta de la jardineria y ve la televisión (A menudo sin sonido porque la mayoría de los programas son en Tailandés).

Cactus River es un diario del tiempo en que visité a la pareja: de los varios temperamentos del agua y el viento. El fluir de los dos ríos, Nach y el Mekong, activa mis recuerso del lugar donde rodé varias películas. A lo largo d elos años, esta mujer cuyo nombre una vez fue Jenjira me ha presentado a este rio, su vida, su historia y sus creencias sobre el futuro que le espera. Ella está segura de que pronto no habrá agua en el rio debido a la construcción de presas corriente arriba, en China y Laos. Yo también me di cuenta de que Jenjira ya no existía. 

Apichatpong Weerasethakul




Fuente: Walkerart.org

jueves, 11 de octubre de 2012

Corto: Frankenweenie (Tim Burton, 1984)

Hoy se estrena en España Frankenweenie, de Tim Burton, un remake animado del corto del mismo título con el que el director californiano comenzó su carrera mientras estaba empleado en los estudios Disney. La película supuso dos cosas: su inmediato despido (el logo de Disney y los cementerios no combinaban demasiado bien por aquel entonces) y el comienzo de una carera meteórica que le llevaría, unas tres décadas despues, a ser punta de lanza de los mismos estudios Disney,  que financiaron hace un par de años su versión de Alicia en el país de mas maravillas y ahora este remake de la película por la que fue despedido. Irónico.

La cinta es una muestra del amor de Burton por el cine clásico de terror a través de una nueva versión del relato de Frankenstein en la que un niño de diez años utiliza sus conocimientos de biología y electrónica para resucitar a su perro Sparky, muerto en un lamentable accidente. Todos los rasgos de su estilo están presentes, y dado que Burton ha sido criticado en los últimos años por sobresaturar su estilo una y otra vez repitiendo los mismos elementos, resulta refrescante ver su trabajo cuando aun no s ehabía convertido en una marca registrada. 



domingo, 7 de octubre de 2012

Martes, después de Navidad

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T.O:  Marti, dupa craciun


Dir: Radu Muntean


Int: Mimi Branescu, Mirela Oprisor, Maria Popistasu


Rumania, 2010, 99'









El cine rumano se ha hecho un hueco en las carteleras y los festivales de cine durante los últimos años con un ciclo de películas de estilo minimalista, ritmo lento y observacional,  tono crítico centrado a menudo en las huellas de la etapa comunista, y, por encima de todo ello, un humor negro muy peculiar, bastante sutil y que resulta esencial entender para disfrutar de este peculiar subgénero. Películas como 4 meses, 3 semanas, 2 días (2007) de Cristian Mungiu, Policial, adjetivo (2009) de Corneliu Porumboiu o la cinta que comenzó esta tendencia, La muerte del señor Lazarescu, (2005) de Cristi Puiu comparten ese estilo característico, dominado por los tiempos muertos y el feísmo de la ambientación. El nuevo cine rumano es un gusto adquirido, y para divertirse con sus propuestas hay que saber sumergirse en la intrascendencia de sus argumentos y el aspecto cochambroso de sus escenarios para detectar el absurdo que se esconde en sus planteamientos.
Martes, después de navidad, de Radu Muntean, no tiene un trasfondo social muy determinado, sino que se trata de una película que podría ocurrir en cualquier parte. Paul (Mimi Branescu) tiene una relación bastante fogosa con su amante Raluca (Maria Popistasu) y un matrimonio que se desliza por la pendiente de la rutina con Adriana (Mirela Oprisor), la madre de su hija de diez años. Son bastante dudosas las razones por las que una chica como Raluca se pueda sentir atraída por Paul: es poco carismático y desde luego no se mantiene en forma. Quizá se trate de la niña: al fin y al cabo la pareja se conoce porque Raluca es la dentista de la pequeña. Cuando Adriana aparece por sorpresa en una de las consultas de la niña se intensifica el drama. Muntean alarga la visita al dentista en un plano de varios minutos en el que, mientras la familia debate sobre la conveniencia o no de ponerle un corrector dental a la pequeña, podremos ver, si estamos lo suficientemente atentos, cómo la joven dentista se derrumba emocionalmente bajo la apariencia de corrección profesional de su comportamiento. La consecuencia de todo esto es que Paul tendrá que elegir entre una de las dos mujeres.
El ocultar la tensón dramática tras una cotidianeidad aparentemente intrascendente es una de las características del estilo, otra es la distancia desde la que se observa a los personajes, una distancia que despoja al argumento de casi cualquier dramatismo y lo convierte en algo banal. Ahí es donde surge el peculiar humor negro: los personajes puede que estén viviendo su drama de desengaño o su historia de amor romántica, pero para los espectadores todo esto no es más que una serie vulgar de malentendidos. Paul puede pensar que su romance con Raluca le aporta algo diferente a su vida de casado, pero irse a vivir con ella supondrá ponerse a discutir cómo meter su ropa en el armario. Y Adriana, mientras tanto, se corta el pelo y se vuelve a poner guapa aprovechando es de nuevo soltera, con lo que Paul únicamente ha cambiado una rutina por otra, y la libertad está como siempre, en otra parte. Una visión irónica del amor en una comedia decididamente antirromántica.

sábado, 29 de septiembre de 2012

Mátalos Suavemente

 

T.O: Killing Them Softly



Dir: Andrew Dominik



Int: Brad Pitt, Scott McNairy, Ben Mendelsohn, Ray Liotta, Richard Jenkins, James Gandolfini



USA, 2012, 97'













Dos gilipollas (Ben Mendelsohn y Scott McNairy) planean dar un golpe en una timba de póker organizada por la mafia: un plan genial, porque el mafioso que organiza el juego (Ray Liotta) organizó un atraco a su propio garito unos años atrás. Todas las sospechas recaerían sobre él si vuelve a pasar algo. La cosa sale razonablemente bien, pero los tipos de arriba se preocupan. Un señor serio de aspecto respetable (Richard Jenkins) contrata a Jackie Coogan (Brad Pitt), un asesino profesional, para que resuelva el asunto. Coogan aparece, vestido de negro de los pies a la cabeza, mientras suena esa canción en la que Johnny Cash recita el Apocalipsis. En un par de escenas, Coogan ya se ha enterado de que un idiota ha ido por ahí presumiendo de haber dado al palo, y se propone eliminar a los dos desgraciados y también a Ray Liotta, porque todo el mundo cree que ha sido él y desconfían de las partidas de cartas si sale de rositas. Todo esto recuerda al cine policiaco de los años setenta, con sus mafiosos destartalados y mezquinos pululando por suburbios decrépitos filmados de manera seca y concisa, nada de glamour. Esa sensación viene reforzada por el hecho de que el argumento provenga de una novela de George V. Higgins publicada en 1974, también porque los protagonistas conducen automóviles de hace cuatro décadas y no parecen haber renovado el vestuario en todo ese tiempo. Pero Mátalos Suavemente se desarrolla en un momento muy preciso: los meses de la campaña electoral del año 2008, que condujeron a Barack Obama a la presidencia. Discursos y debates políticos se cuelan en las escenas, a través de televisores en garitos y las radios de los coches, mostrando un contraste con la jerga subida de tono de los mafiosos de medio pelo, como si la película fuese un comentario irónico sobre el estado del discurso político en Estados Unidos. 



Estos dos son los que montan todo el tinglado

 Hay algo en la manera en que se introduce el debate político en este submundo de personajes de repertorio que resulta poco sutil. La relación entre crimen y economía ha estado en el fondo de muchas de las ficciones del género negro, aquí Andrew Dominik la hace pasar al primer plano. “La película retrata América como lo que también es: un país del Tercer Mundo. Si tu viajas entre las grandes capitales, lo que te encuentras es escenarios del Tercer Mundo. Louisiana es como estar en el puto Bangladesh. La distancia entre ricos y pobres es enorme en este país y cada día se hace más y más grande.” “Las películas de criminales son las únicas que retratan America y los americanos como lo que realmente son: películas en las que los personajes sólo se preocupan por el dinero. No hay sueños rotos, mierdas morales, integridad: solo está el dinero. Estados Unidos es un país lleno de gente dispuesta a hacer dinero, un país podrido de principio a fin” Es cine airado, algo que se nota en la estructura descompensada de la película, sus transiciones abruptas y violentas entre el humor y la sangre tanto como en la manera en que se le intenta dar volumen al discurso político. En ese sentido, la película se inscribe dentro del desencanto que ha producido la presidencia de Obama en los sectores que esperaban el retorno de las reglas del juego, las que sirven para proteger a los más débiles. “Obama, que inicialmente está en contra de quienes crearon la crisis, va cambiando el discurso, diciendo que tenemos que pagar las facturas , y esa misma gente empieza a darle millones para su campaña. Se va viendo como demócratas y republicanos, que generalmente están unos en contra de otros, se ponen de acuerdo en lo que hay que hacer, y acaban contando la misma historia.“

 Pero dejando de lado todo eso, Mátalos suavemente es una perfecta muestra de cine negro contemporáneo, con diálogos acelerados y brutales, violencia extrema presentada como si fuera una payasada y un conjunto de personajes secundarios perfilados cómicamente, de esos con los que los actores se lo pasan en grande. Sale el gran James Gandolfini (o sea, Tony Soprano) como un asesino a sueldo melancólico y adicto a las prostitutas; Ben Mendelsohn mastica el decorado como el ridículamente autodestructivo yoqui Russell; Richard Jenkins pone cara de ciudadano inocente y respetable cuando interpreta al abogado que transmite las órdenes. Hay escenas de comedia criminal que anticipan secuencias de tensión violenta (el atraco a la timba), esas abruptas transiciones buscan el consabido efecto de hacer que al espectador se le congele la sonrisa. Andrew Dominik domina su oficio de la misma manera que el asesino profesional de Pitt: la puesta en escena es todo un despliegue de recursos e inventiva. La película funciona como cine de género puro y duro, es rápida, divertida y no demasiado trascendente, aunque con toneladas de cinismo y mal humor. La cuestión es si el componente de crítica social se articula mejora través de las convenciones del propio género que del discurso político explícito. 


Brad Pitt sale en esta peli

Están esos paisajes industriales en ruinas por los que conducen los personajes, ruinas de lo que una vez pretendió ser el futuro. Están esos personajes mezquinos y de escasas ambiciones, nada inteligentes y dominados por la avaricia a corto plazo. Y está la propia trama, el eterno argumento de los planes perfectos que inevitablemente salen mal porque la propia naturaleza humana conduce a ello: las envidias, la estupidez, la ambición de corta vista, el cálculo personal frente al interés general. Por cada Ocean’s Eleven, en que el atraco perfecto se logra gracias a una combinación de astucia y trabajo en equipo, hay un Fargo, en que los criminales son traicionados por sus propias debilidades, a menudo por creerse más listos de lo que son. Hay una nítida distinción ideológica en estos dos argumentos, que muestran visiones contrapuestas del animal humano, tanto que la preferencia entre uno u otro podría servir como test de personalidad: por un lado, la confianza en la mente humana, capaz de sortear los obstáculos de la naturaleza hacia un futuro inevitablemente mejor; por el otro, la de una naturaleza humana que siempre se opone a las idealizaciones que sueña la razón, que en la mayor parte de los casos se acaban revelando como quimeras. En las películas del segundo tipo, los planes solo son perfectos en teoría, el hecho de no contar con el factor humano los vuelve impracticables desde el principio. Estas películas suelen ser un velado comentario sobre la propensión del ser humano a dejarse engañar por sus propias ensoñaciones, a menudo con la excusa de la más pura racionalidad. En ellas, el Titanic vuelve a hundirse una y otra vez, la torre de Babel acaba convertida en ruinas. 

Pero lo más curioso de esta extraña aparición del discurso político en los territorios del género puro es lo que nos dice sobre el alcance de la crisis y el regreso de la cuestión social. Personajes casi de tebeo no pueden ya vivir ajenos a la realidad económica ni siquiera en un mundo de fantasía dominado por las reglas del género: la demolición de la cohesión social les afecta de pleno. Ejemplo de ello es el delincuente de poca monta que interpreta Scott McNairy, recién salido de la cárcel, que no tiene trabajo legal porque no tiene coche para desplazarse, y no tiene coche porque no tiene trabajo. “Estamos solos” se dice a sí mismo en una escena, tras darse cuenta de que nadie se va a ocupar de él si tiene problemas de cualquier clase. Por supuesto, eso no le sirve de nada, se trata simplemente de un peón desechable en un juego controlado por gente mucho más importante. Pero resulta curioso ver a este tipo de personaje reflexionando sobre su lugar en el tejido social. Hasta el asesino implacable que interpreta Pitt realiza una exégesis de las ideas políticas de Thomas Jefferson para rematarlas con una frase que ya se ha hecho famosa: “América no es un país, es un puto negocio”. De un tiempo a esta parte, las películas, incluso las más comerciales, se están volviendo explícitamente políticas, poniendo en primer término situaciones sociales que anteriormente sólo se deducía del contexto.

viernes, 14 de septiembre de 2012

The Deep Blue Sea



Dir:Terence Davies

Int: Rachel Weisz, Tom Hiddlestom,  Simon Russell-Beale

UK, 2011, 94'




Esta escena de la nueva película de Terence Davies sucede cuando la heroína adúltera y atormentada por el amor que interpreta Rachel Weisz, tras dejar a su marido y desesperarse ante el hecho de que su amante no comparta la intensidad de su pasión, revive un recuerdo espoleado por el decorado de una estación de metro londinense. Se trata de una noche años atrás, en plena segunda guerra mundial, la estación de Aldwich convertida en un refugio ante los bombardeos alemanes. Como forma de resistencia y de unión, las personas que se encuentran allí cantan al unísono Molly Malone, la popular canción irlandesa sobre una desafortunada vendedora ambulante, un himno a las vidas insignificantes cuyo misterio ha se ha transmitido de boca en boca durante varios siglos. Es la música como fermento social, un motivo recurrente en el cine de Davies: los personajes y la figuración cantando al unísono canciones que expresan un sentido de comunidad. Hester Collyer, que participa en la escena acompañada de su marido, el juez Collyer, recuerda ese momento como un testimonio del mundo del que su pasión la ha alejado, un mundo de convenciones sociales muy rígidas pero también con un gran sentido de comunidad.  
“Aléjate de las pasiones, Hester”, le dice su suegra, la rígida señora Collyer, que desaprueba a su joven nuera “Solo conducen a cosas desagradables” “¿Y entonces por qué las sustituimos?” pregunta la protagonista ”Por un entusiasmo moderado”. Hester siente un moderado entusiasmo por su marido, y una pasión difícil de controlar por Freddie Page (Tom Hiddlestom), un ex-piloto de la RAF, orgulloso superviviente de la batalla de Inglaterra,  con quien descubre que el amor tiene también un aspecto físico. Según el famoso poema de Philip Larkin, en Inglaterra se empezó a follar en 1963, un año antes del primer disco de los Beatles. Hester tiene un anticipo de los tiempos que están por venir en plena posguerra, cuando aún quedan ruinas de los bombardeos desperdigadas por Londres. Su encuentro con el joven hace que se cuestione todo lo que entendía del matrimonio y del amor: para ella esas palabras suponían una confortable posición social, como mucho una agradable camaradería con su pareja. Todo eso deja de tener sentido cuando el sexo entra en su vida. “¿Vas a abandonar todo o que tenemos por algo tan primitivo?”, le pregunta su marido el juez junto a su Rolls Royce plateado. “Algo natural” responde Hester. Pero su pasión también implica una renuncia, la renuncia al manto protector de la sociedad, a ese sentido de comunidad y solidaridad que era la otra cara de la vida inglesa anterior a la revolución sexual, tal y como la recuerda Davies. Al fin y al cabo Hester se encuentra encerrada en si misma, sin poder compartir sus sentimientos ni siquiera con su amante.
Tom Hiddlestom y Rachel Weisz
The Deep Blue Sea es la adaptación de una obra de Terrence Rattigan (1911-1977) estrenada en 1952. Rattigan fue un dramaturgo muy popular durante los años cuarenta y cincuenta (llego a ser el escritor teatral mejor pagado del mundo), pero su éxito cesó a comienzos de los sesenta, con el surgimiento de los Angry Young Men. Sus melodramas comenzaron a ser algo pasado de moda frente a la franqueza sexual  de los jóvenes escritores y su lenguaje descarnado. Para conmemorar el centenario de su nacimiento, se escogió a Terence Davies, probablemente porque sus películas reviven el mundo de la Inglaterra de posguerra, y porque sus recuerdos cinematográficos más vívidos son los melodramas de la época protagonizados por mujeres sufridoras con carácter, entre los que hay algunas adaptaciones de Rattigan. Davies cambia la estructura de la obra para que los hechos del pasado de los personajes aparezcan como ráfagas a veces inesperadas de recuerdos, como la escena de la estación de metro: el director británico ha convertido el flujo del recuerdo en su recurso narrativo más importante. Conocemos a Hester en la habitación de pensión que comparte con su amante, mientras abre la llave del gas en un intento de suicidio algo patético, motivado por la indiferencia de él. Mientras suena en la radio el movimiento lento de un concierto para violín de Samuel Barber, su mente fluye adormecida por el gas, y las imágenes de la relación que la ha llevado hasta ese punto se suceden de manera caprichosa. Cuando la despierten sus vecinos el drama podrá comenzar, con las apariciones de marido y amante, pero siempre estará punteado por el flujo del recuerdo.

En el cine de Davies, los recuerdos se reconstruyen minuciosamente a través de los decorados. El pasado está recreado de una manera tan delicada que uno creería que en la Inglaterra de posguerra todos y cada uno de los objetos eran bellos. Las lámparas proporcionan una luz anaranjada y tenue, los personajes se mueven en  semipenumbra. Los colores son apagados, para representar el ambiente de una época sombría. Esta es una de esas películas en que el humo de los cigarrillos flota lentamente en el aire como si estuviese marcando uno tras otro cada uno de los segundos que pasan. Despojados de las escenas de exposición y de las frases melodramáticas más lapidarias, los personajes se muestran a través de una minuciosa observación de gestos : en la situación emocional en que se encuentran, cualquier mirada o movimiento se convierte en significativo. La manera en que Hester se pone los zapatos tras pasar la última noche con su amante, antes de que éste se vaya a Sudamérica, es mucho más reveladora que cualquier despedida. Rachel Weisz hace un estudio detallado de la vulnerabilidad y el tormento emocional a través de cada uno de sus gestos.
La película dialoga con el pasado de manera compleja. Hay  nostalgia por la desaparecida camaradería de pub, también el lamento por una sociedad represiva en la que las pasiones contenidas acababan desembocando en estallidos casi histéricos. Hester no es una mujer que conscientemente quiera enfrentarse a las convenciones sociales, pero sus sentimientos son tan poderosos que no puede elegir, y su camino le lleva al ostracismo social, a la soledad y también a tener que empezar de nuevo su vida por sí misma. Algunos años después, ese camino sería recorrido por toda la sociedad, las convenciones sociales se derrumbarían, se decretaría el fin de la represión  y la libertad en la vida personal se convertiría en un valor irrenunciable. Davies filma su historia con la meticulosidad y el cuidado que ha demostrado a lo largo de su filmografía, una meticulosidad que le ha llevado a rodar solamente seis largometrajes de ficción en casi cuarenta años