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viernes, 22 de agosto de 2014

Corto animación: On Departure, de Eoin Duffy (2012, 6’)

Eoin Duffy es un diseñador gráfico irlandés reconvertido en animador que reside en Vancouver, Canadá. Hace un par de años finalizó su primer cortometraje, que en sus propias palabras “retrata mi propio viaje personal después de la pérdida de mi hermano menor, Emmett.(…) Como muchas personas que atraviesan un duelo, sentí la urgencia de crear un monumento o un testamente de alguna clase. Inicialmente, imaginé la pieza de animación más compleja jamás realizada, cuyas intrincadas y trabajadas cualidades demandaran una audiencia. Pero no solamente era un empeño ridículo, era un concepto destinado a fracasar, puesto que era todo relleno y nada de alma. Así que opté por un sutil mensaje personal en lugar de una pirámide egipcia”

    La animación plana e icónica propia del diseño gráfico puede parecer monótona o simple, pero en este caso, aplicada al tema de la pérdida, resulta de una serenidad devastadora. Duffy retrata su proceso de duelo a través de una figura que atraviesa un aeropuerto, los espacios impersonales y los movimientos rutinarios y casi robotizados de los pasajeros reflejan una especie de trance a través del cual el personaje vive sus emociones, alienado del espacio que le rodea. Pero la corriente subterránea de emoción se percibe en cada una de las imágenes, gracias, en gran medida la minimalista y poderosa banda sonora de Stephen Rennicks. “Con respecto al dibujo de la película, disfruto creando escenas y personajes con limitaciones impuestas rígidamente. Limito la paleta de color y entonces comienzo a descartar todo lo que no es necesario hasta que alcanzo un punto en el que la audiencia tiene que trabajar para poder descifrar la escena. El cineasta Andrew Stanton destaca que debemos darle a la audiencia 2 + 2, nunca 4.”

    “Cuando el corto se proyectó por primera vez en el festival de Cine de Galway, me vi invadido por dos pensamientos perversos. Uno, que la película era increíblemente auto-obsesiva, y el otro, que estaba usando la pérdida de mi familia para mi ganancia personal. Tan fuertes eran esos pensamientos que retiré la película del circuito de festivales y no la mostré a nadie después, incluyendo a mis amigos íntimos y a mi familia. Pero un año después finalmente accedí a los ruegos de mis familiares y amigos, y puse el corto online. Las dudas siguen presentes, pero, de manera extraña, se han aliviado parcialmente gracias a la gran cantidad de comentarios que he recibido”



miércoles, 6 de agosto de 2014

Cortometraje: Misterio (Tayna, 2011, 6’) de Andrei Zvyagintsev

Misterio es la aportación de Andrei Zvyagintsev al proyecto Experiment  5ive, que reunió hace tres años a  cinco de los directores rusos más importantes del momento. Se trataba de crear una pequeña antología de cortometrajes con un mecanismo común: en cada uno de ellos, un sobre negro de contenido misterioso sería ofrecido a uno de los personajes. El resto de la historia se dejaba a la libertad de los creadores, y por supuesto, ninguno de ellos sabía lo que estaba haciendo el resto.

Zvyagintsev
es el más conocido internacionalmente de todos los directores que participan en el proyecto: en España hemos visto su debut El regreso, de 2003 y su última película, Elena, de 2011. Quienes hayan visto esas cintas sabrán que es un director con preocupaciones metafísicas, al clásico estilo ruso de Dostoyevski o Tarkovsky. Filma con un estilo solemne y calmado, y se suele tomar su tiempo con los detalles.  ‘5 minutos es un tiempo muy corto para contar una historia. Cuando no estás limitado por el tiempo, cuando no tienes que apresurarte, puedes permitirte una exposición detallada. Para que una película afecte al espectador de manera sugestiva, para que lo introduzca en su espacio, se necesita cierta cantidad de tiempo. Cinco minutos parece un formato más adecuado para un sketch o una broma, pero me parece que en estos cinco minutos fuimos capaces de decir algo más de lo que se espera de un sketch’

No hay nada de sketch, ni, por supuesto, de chiste, en el cortometraje de Zvyagintsev . Con su clásica situación  de telenovela o misterio detectivesco (la esposa celosa, el detective privado, la fotografía dentro del sobre) Misterio no es tanto una propuesta de suspense como una reflexión sobre lo que significa el propio misterio. Fiel a sus impulsos, Zvyagintsev crea una atmósfera abstracta en la que los personajes abandonan sus preocupaciones inmediatas para valorar sus implicaciones filosóficas.



Videoclips: Hey Jane y I am what I am, de Spiritualized, dirigidos por AG Rojas.




El director californiano de origen español AG Rojas (nacido en Barcelona, se trasladó a Los Ángeles a los siete años) ha irrumpido en la escena del videoclip contemporáneo hace un par de años y rápidamente se ha revelado como un talento a seguir. Sus clips musicales son absolutamente cinematográficos (podrían considerarse cortometrajes por derecho propio) y han sido comparados con el cine de Larry Clark o de Gus Van Sant. Su mayor logro es el díptico de videoclips que dirigió para acompañar dos canciones del último disco de Spiritualized: Hey Jane y I am what I am.


Hey Jane, el más famoso y premiado de sus trabajos, es un cortometraje de diez minutos que sigue la vida cotidiana de un travesti en Atlanta. “La intención era hacer una película casi documental sobre un travesti y el entorno que habita. En vez de hacer una caricatura, la situé en la vida real, para que el espectador pueda sentir cierta empatía a medida que su mundo vuelve más violento.” Protagonizada por James Ross, que pasa el noventa por ciento de su vida como hombre y el diez por ciento restante actuando como mujer, la pequeña película se centra en su relación con su hijo de diez años, en la que la violencia y la marginación proyectan su sombra sobre la inocencia infantil.




Para I am what I am, Rojas recurre al mismo estilo, aunque en este caso con un pequeño giro  fantástico. El actor Rory Culkin protagoniza el clip, interpretando a un joven que recorre la ciudad californiana de Taft en un estado casi catatónico. La atmósfera de desolación está lograda gracias a la certera selección de localizaciones y a la participación de los vecinos  de la localidad en el clip. Es el retrato de una tierra baldía en la que el aire parece ser una sustancia viscosa, que opone resistencia a cualquier movimiento. 



 

Está claro que las intenciones de Rojas son el salto al largometraje. Sin embargo, no ha descuidado su producción de videoclips, en los que huye del clásico formato de actuación y coreografía. Adopta un estilo que busca la improvisación, huye del storyboard y trabaja la selección de intérpretes con frecuencia no profesionales) y sobre todo de localizaciones. “Creo que me he ganado cierta confianza por parte de las discográficas y los artistas, así que las notas son bastante mínimas. De cualquier modo, mi principal preocupación consiste en que el video sea acorde a la estética del artista, lo que significa hacer unas cuantas llamadas para asegurarse de que todos estamos en la misma longitud de onda. Además, una vez que estás en el set, las cosas cambia, aunque la mayoría de las veces para mejor. Una idea que pensaste que sería fantástica puede quedar completamente ridícula en el monitor. Tener una mente abierta es crucial en los videos musicales. Una cosa que no hago es colaborar con marcas, así que no me pidas que suba al artista en un Mini Cooper.”

Cortometraje: Somewhere in California (1993, 12’) de Jim Jarmusch, con Tom Waits e Iggy Pop

En algún lugar de California, en el año 1993, se produjo esta extraña primera cita. El escenario es una mesa ajedrezada en un diner solitario, a una hora de la tarde cálida y lenta, ideal para compartir un café y unos cigarrillos. Los protagonistas son dos músicos de mediana edad, razonablemente famosos y con una considerable leyenda a sus espaldas. Hay nervios antes del encuentro. Iggy se muestra afable y amistoso, Tom mantiene cierta altivez distante mientras la conversación da vueltas sobre asuntos sin importancia (como el propio hecho de disfrutar de un café y unos cigarrillos). Se trata de Somewhere in California, el tercer cortometraje de la serie Coffe and Cigarrettes, en la que el director Jim Jarmusch reúne a diferentes personajes alrededor de una mesa ajedrezada para conversar sin demasiado sentido mientras comparten los estimulantes del título.

    Jarmusch rodó la primera entrega de Coffe and Cigarrettes en 1986, se trataba de un encargo del programa de humor Saturday Night Live. Repitió la experiencia varias veces más, la que aquí presentamos es la tercera y más famosa: Somewhere in California ganó la Palma de Oro al mejor cortometraje en el festival de Cannes. En el año 2003, fue incluido, junto con el resto de la serie, en la película Café y Cigarrillos. De todas ellas, esta es la pieza más recordada, quizá por la fama de sus protagonistas, y por los detalles que desvela acerca del carácter de estas leyendas de la música moderna. Según Iggy Pop, el guión representa un retrato más o menos fiel de ambas personalidades: él mismo es conocido por ser una presencia feroz e imponente sobre el escenario, pero en la vida real resulta ser una persona tímida y amistosa. Tom Waits, en cambio, puede resultar agrio y cortante a menudo. Y, desde luego, ninguno de los dos ha vendido millones de discos, precisamente.

 Jarmusch recordaba así el rodaje: “Tom estaba exhausto. Acabábamos de rodar el video de ‘I don’t Wanna Grow Up’ el día anterior y había estado atendiendo a un montón de periodistas. Estaba arisco de esa manera en que suele estar, aunque también es una persona muy cálida. Apareció al final de la mañana, mientras yo estaba con Iggy, le había dado el guión la noche anterior. Tom tiró el guión sobre la mesa y dijo: ‘Bueno, dijiste que esto iba a ser gracioso, Jim. A lo mejor tienes que subrayarme los chistes, porque yo no lo veo.’ Miró al pobre Iggy, y le dijo ‘¿Tu que piensas, Iggy?’ Iggy dijo ‘Creo que me voy a toma algo de café y os dejo a vosotros hablar’ Así que calmé e a Tom. Sabía que era temprano y simplemente Tom estaba de mal humor. Su actitud cambió por completo, pero yo quería mantener algo de esa acritud paranoica en el guión. Trabajamos con eso, y lo mantuvo en su personaje. Si hubiera estado de buen humor de verdad, no creo que la película hubiera sido tan divertida”

Por supuesto, Jarmusch, Waits y Pop son viejos conocidos: junto con Nick Cave, han formado un club secreto llamado Los hijos de Lee Marvin. Las actividades del club no se han hecho públicas, aunque probablemente se dediquen a imitar ante el espejo las poses más famosas del protagonista de A quemarropa. Ambos músicos han aparecido en otras películas de Jarmusch, y el próximo proyecto del director de Akron, que esperamos ver pronto, es un documental sobre Iggy Pop para el que lleva ya unos cuantos años reuniendo material.

 

viernes, 4 de julio de 2014

Cortometraje: Un chico, un muro y un burro, de Hany Abu-Assad (4’, 2008)


  Uno de los cineastas que más se ha ocupado de la situación en oriente medio es Hany Abu-Assad. Palestino con nacionalidad israelí, Abu-Assad nació en Nazareth en 1961 y emigró a Holanda en los años sesenta, donde trabajó como mecánico en el campo de la aviación. Se dio a conocer internacionalmente en 2003 con Paradise now, una cinta que reflejaba de manera minuciosa el día a día de unos terroristas suicidas palestinos. El año pasado presentó con éxito en el festival de Cannes Omar, una historia que incide en las relaciones entre Israel y palestina desde los dos lados del muro y que fue nominada como mejor película extrajera en la última edición de los Oscar.

    Entre esos dos largometrajes, Abu-Assad rodó el cortometraje que presentamos: Un chico, un muro y un burro. Forma parte del proyecto Art for the World, creado por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas por los Derechos Humanos con la ocasión de celebrar el 60 aniversario de la declaración universal de derechos humanos. Por ese motivo, las Naciones Unidas encargaron una serie de 22 cortometrajes realizados por directores de diversas procedencias, cada uno de ellos debería tratar acerca de uno de los puntos recogidos en la declaración.  La aportación del cineasta palestino versa acerca del concepto de participación.

    En el cortometraje, tres chavales de Cisjordania juegan a hacer una película con un burro, una pistola de plástico y unas cuantas escenas que podrían haber imaginado después de una sesión continua de Tarantino. Su imaginación va más lejos que sus medios, sin embargo: no encuentran una cámara con la que grabar el filme. Entonces, uno de los niños propone una solución que puede ser más peligrosa de lo que pensaban. Un chico, un muro y un burro es un viñeta que explora lo que ocurre cuando la inocencia infantil se adentra en las realidades más violentas de la región  del mundo real, y en la que la violencia cinematográfica se enfrenta a la del mundo real.




martes, 15 de abril de 2014

Cortometraje: Ramona (14’, 2011) de Juan Cavestany


El currículo de Juan Cavestany recorre espacios muy diversos de la escena española contemporánea. Como colaborador del grupo teatral Animalario participó en la escritura de alguno de sus  espectáculos más populares, como Alejandro y Ana: Todo lo que España no pudo ver del banquete de boda de la hija del presidente o la célebre edición del no a la guerra en la gala de los Goya. Su debut en la dirección fue El asombroso mundo de Borjamari y Pocholo, una comedia juvenil protagonizada por Santiago Segura. En los últimos años, sin embargo, ha destacado gracias a algo completamente diferente: un ciclo de películas de bajo presupuesto en las que practicado una especie de costumbrismo del absurdo: comenzó con Dispongo de Barcos en  2010, y continuo con El señor  y Gente en sitios; esta última ha logrado convertirse en film de culto del último cine español.

Combinando el minimalismo cinematográfico con situaciones de guión surrealistas, Gente en sitios es una comedia de sketchs que, a lo largo de su hora y pico de duración emplea a 80 actores,  un catálogo de las figuras más conocidas del teatro y el cine en España. Ramona, el corto que Cavestany rodo en 2011, podría ser una de esas situaciones delirantes recubiertas por el manto de la cotidianeidad. Según explica la sinopsis oficial, Ramona es un  “cortometraje basado en hechos reales acaecidos en el año 1999 en Madrid. Ese verano, una señora llamada Ramona Espinosilla regresó a la capital después de pasar sus vacaciones en Teruel, pero en vez de irse a su casa, se metió “por equivocación” en la casa de un matrimonio al que no conocía de nada, y convivió con ellos durante cuatro meses sin hablarse. Desde el primer día la señora fue una presencia “normal e incomprensible a la vez” en el domicilio del matrimonio Ramírez-Sagarzazu. Nunca se dijeron nada, y en una entrevista posterior reconocieron que “la situación era extraña, pero en el momento no nos dábamos cuenta”.



jueves, 6 de febrero de 2014

Cortometraje: 14e Arrondissement (Episodio de Paris, je t’aime, Alexander Payne, 2006)

    

Este próximo viernes, 7 de febrero, se estrena en España Nebraska, la última película de Alexander Payne,  director de Los descendientesEntre copas. Esta nueva cinta, rodada en blanco y negro, trata de la relación entre un padre y un hijo que se embarcan en un viaje a través de los Estados Unidos. Se trata de un proyecto largamente acariciado por el director: llevaba más de una década tratando de ponerlo en marcha, algo que ha logrado finalmente gracias al gran éxito de Los descendientes. La película ha sido nominada para seis premios Oscar, entre ellos el de mejor actor para el veterano Bruce Dern. Payne, un director asiduo a la gala de los Oscar desde hace unas cuantas películas, se caracteriza por elaborar una particular variedad de drama cómico ligero en la que el trazo de los personajes se encuentra en un equilibrio inestable entre la mirada tierna y la caricatura. Se podría argumentar que su mejor película es este cortometraje con el que se cerraba el filme colectivo París, je t’aime, del año 2006: un homenaje a la capital de Francia en quince directores diferentes aportaron un cortometraje de unos cinco minutos ambientado en cada uno de los distritos de la ciudad de la luz.

    Payne se ocupa del distrito 14, (14e arrondissement), un entorno histórico situado en la orilla izquierda del Sena que comprende entre otras zonas, el barrio de Montparnasse. El director norteamericano nos propone visitarlo a través de la mirada de Carol, una cartera de Denver, Colorado, que enfrenta su mirada de turista con las expectativas que un lugar como París despierta en las personas que viven a miles de kilómetros de distancia. Payne le confió el personaje a Margo Martindale, una de esas actrices cuyo nombre no te dirá nada, pero que posee un kilométrico currículum con montones de pequeños papeles en películas y series de televisión. “Así que él me llamóRecuerda Martindale-  y dijo: ‘Hola, Margo, ¿Te acuerdas de mi?  He escrito una película para ti. Nunca he escrito nada para nadie. No hay dinero en esto. ¿Vendrías a Paris y lo harías?’ Y yo dije: ‘Bueno, déjame pensarlo. Si, si, lo haré.’ Y entonces me contó la historia y luego colgamos. Después, volvió a llamar y dijo  ‘Espera ¿Hablas francés?’  Y yo dije ‘Ni una palabra’ El dijo: ‘Mejor’. Así fue como ocurrió.”  


 

“Fue, probablemente, la mejor experiencia que he tenido nunca. Porque yo era la estrella de una película de ocho, nueve minutos. Y Alexander y yo,  …de alguna manera me entendió de una forma que otras personas no lo habían hecho. No sé por qué. Entendió mi capacidad emocional. Y me dirigió como en una película muda, lo que fue fabuloso. Rodamos la última parte, la de banco, primero. Dijo: ‘Vale, ya no tienes de qué preocuparte. Está hecho. Ahora vamos a pasarlo bien.’ Antes de ir, me pidió que viera una película de Fellini, Las noches de Cabiria, y que estudiara a la actriz (Giulietta Masina). Quería que tuviera ese sentimiento,  una especie de visión del mundo inocente, de ojos abiertos como platos, ingenua, infantil. Cuando llegábamos a algún lugar, decía ‘¡Cabiria! Piensa en ella’, Varias veces, no todo el tiempo. Después tuvimos las terribles ocho o nueve horas de grabación de voz en off en francés, que ha sido la cosa más difícil que nunca he hecho. Fue realmente duro. Él me lo dio todo masticado. Me gustaría llevarme el merito por eso, pero fue realmente la obra maestro de Alexander, esa parte. ¿No es hermoso? Es una pequeña película perfecta.”



jueves, 23 de enero de 2014

Videoclip: Gravity, de Trentemøller, con Oscar Isaac y dirigido por Tue Walin Storm y Elvira Lind.

    Desde que se anunciaron las nominaciones  a los premios óscar el pasado día 16, la ausencia más comentada ha sido sin duda, la de A propósito de Llewyn Davis. Más aún la de su protagonista, Oscar Isaac. A pesar de que el apartado de actor protagonista es una categoría extraordinariamente competida este año, la interpretación de Isaac conseguía convertir en entrañable a un personaje cuyas acciones son bastante cuestionables, además de estúpidas, por lo general. Al mismo tiempo, conseguía convencernos de que Llewyn Davis poseía genuino talento artístico. Antes de saber si el actor se ha ganado el estatus de protagonista o volverá a su condición de secundario imprescindible, podemos verle en un número musical completamente diferente: el videoclip de la canción Gravity, del productor danés Anders Trentemøller.

    En el video, dirigido por Tue Walin Storm y Elvira Lind, Isaac es el Carpool Man, un hombre que todas las mañanas se coloca en los carriles de acceso a las autopistas de Los Ángeles ofreciéndose por diez dólares a acompañar a todos aquellos conductores solitarios que desean acceder a los carriles reservados a vehículos con dos o más ocupantes. A través de su peripecia cotidiana, el video nos ofrece un retrato del anillo de autopistas de la ciudad californiana y de las personas que las recorren diariamente. Entre ellos, un hombre de negocios, un fumeta, la policía y una simpática mujer a bordo de un mercedes. El video de Gravity fue concebido por sus creadores como un homenaje a la ciudad y a su diversidad humana. En su realización se logra una combinación entre ficción y documental: todos los conductores son habitantes de Los Ángeles, y la cámara explora de manera curiosa sus relaciones con su entorno.



sábado, 11 de enero de 2014

Cortometraje: Tu(a)mor, de Fernando Franco (2009, 11’)


   Las nominaciones a los premios Goya, anunciadas el pasado martes, han vuelto a poner en evidencia que Fernando Franco es uno de los nuevos directores más prometedores del cine español. La herida, un estudio increíblemente cercano de una persona afectada por el trastorno límite de la personalidad, ha logrado seis candidaturas. Entre ellas se encuentra, como es lógico, la de mejor actriz para su extraordinaria protagonista, Marián Álvarez. Por supuesto un cineasta así no surge de la nada, y no hablamos solamente de la fructífera carrera de Franco como montador (con sus trabajos con Montxo Armendáriz o en Blancanieves, por ejemplo). Franco tenía varios trabajos como director en el campo del cortometraje que avalaban su talento antes de debutar en el largometraje.

     “Hasta ahora, en el mundo del corto, he hecho un poco de todo: found footage, ficción normal, cositas más experimentales a nivel narrativo… Cada nuevo proyecto en el que me involucro lo vivo como una forma de aprendizaje, como un desafío. Me interesan los temas subterráneos, no sólo como tales, sino en cómo resultaría su plasmación en el cine. Al fin y al cabo el cine es uno de los mayores codificadores del imaginario colectivo. Nuestras mentes están muy condicionadas por las películas que vemos, por los libros que leemos… Así que me interesa el cómo abordar esos temas subterráneos y convertirlos en algo tangible, en algo real si prefieres” decía el director en una entrevista en Sensacine. Desde luego, tratar de aventurar el futuro de su carrera a partir de sus cortometrajes resulta un ejercicio desconcertante, porque cada uno de ellos avanza en una dirección distinta.

    Tu(a)mor, rodado en 2009, se acerca a la comedia de maneras sentimentales, aunque con un punto de vista irónico y distanciado. Una voz en off en inglés observa  la evolución de una relación de pareja (la que se desarrolla entre Andrés (Andrés Gertrudix) y Sarah (Sarah-Laure Stragnat) a través de las reacciones de su órgano vital, el corazón. Tu(a)mor explora las confusas relaciones entre lo físico y lo emocional con una estética entre la comedia romántica y el falso documental. Debemos advertir, sin embargo, que este cortometraje puede resultar desagradable para ciertas personas, ya que su vertiente documental  contiene imágenes médicas, entre otras, una cirugía a corazón abierto. Si eso no te importa demasiado, disfrutarás de una nueva vuelta de tuerca al tema de nuestra fragilidad emocional, que revela un registro del director muy diferente al que ha utilizado en su premiada opera prima. 




miércoles, 11 de diciembre de 2013

Cortometraje: Light Is Calling, de Bill Morrison (2004, 7’)

 

“Hay dos formas de contemplar la decadencia: puedes verla como parte de un ciclo, un proceso instrumental a la hora de reformar tu vida, y también puedes pensar en la decadencia como un final,  algo que necesita ser temido y evitado a toda costa. Ambas actitudes se abrazan en mis películas” Bill Morrison (Chicago, 1965) ha dedicado las dos últimas décadas a explorar los fondos de archivos y filmotecas en busca de imágenes olvidadas con las que construir sus películas. Al contrario que otros cineastas que trabajan a partir de imágenes encontradas o found footage, Morrison no centra su atención en el contenido de las mismas, sino en el estado de sus soportes: las viejas películas de celuloide, cuya decadencia es completamente natural ya que están registradas sobre materia orgánica, son una fuente de belleza inesperada y aleatoria en la que el tiempo deja su huella sobre las creaciones de los cineastas primigenios. “El deterioro funciona de dos maneras, primero interactúa con la música de una manera interesante, casi como si fuera una animación, aportando otra superficie. Pero también interactúa con la imagen. Las imágenes son escogidas para mostrar la relación el hombre con su propia mortalidad. Por supuesto, cuando esa tomas se hicieron hace setenta años o cien años, estaban en una condición prístina y la gente que sale en ellas no tenía ni idea de que años después iban a tener este aspecto. Desde mi punto de vista, es un testamento o una analogía hacia nuestra experiencia humana, en la que nuestra voluntad o nuestra experiencia subjetiva cree de alguna manera que somos inmortales, y que seremos capaces de continuar con nuestras vidas, irónicamente, trágicamente, heroicamente, a pesar del hecho de que estamos decayendo. No quiero hacer un juicio sobre ello. Puede ser trágico, pero también puede ser hermoso.”

Su cortometraje de 2004 Light Is Calling surgió de manera bastante casual.  “La Biblioteca del Congreso tenía un negativo impecable de la película, The Bells, y también tenían una copia de referencia impecable. Así que era uno  de esos casos en los que pensaron ‘¿Por qué conservamos esta copia deteriorada? Está ocupando espacio, tenemos que deshacernos de ella.’ Yo había estado trabajando allí en Decasia, así que cuando volví a pasarme, me dijeron: ‘Vamos a tirar esto, ¿Podrías echarle un vistazo?’ Al contrario de casi todas las copias deterioradas que he visto, esta tenía un deterioro hermoso. “
  The Bells es un melodrama de época rodado en 1926 por James Young, cuyo argumento ya estaba pasado de moda cuando se estrenó. Se trata de la adaptación de una obra de teatro de 1867 que resulto enormemente exitosa en el Londres de finales del siglo XIX, especialmente en la interpretación de Henry Irving. Es una historia de posaderos y burgomaestres en la que el protagonista comete un crimen el primer acto y se pasa los dos siguientes contemplando el fantasma de su víctima hasta caer en la locura. En las imágenes que nos presenta Morrison, el argumento no importa demasiado. Hay carruajes, sombreros de época, uniformes con charreteras. Las huellas del paso del tiempo se nos aparecen como una densa niebla a través de la que se pueden contemplar unas figuras anónimas, cuyos gestos y movimientos han atravesado el tiempo sin conservar su sentido. Morrison ralentiza la imagen (la velocidad de proyección es hasta tres veces más lenta que la de la película original) para que los efectos del tiempo se hagan más visibles. “Estas viendo esta narración rodada en 1926, estás viendo las cosas que le han ocurrido a la película desde entonces, y como una cosa se relaciona con la otra”  





Bonus Track: como si se tratase de un concurso de belleza, podemos comparar la fascinación de las imágenes incompletas y elusivas de Light Is Calling con la película de la que procede: The Bells, de James Young, rodada en 1926 y protagonizada por Lionel Barrymore y Boris Karloff (Las secuencias sobre las que ha trabajado Morrison comienzan en el minuto 9)¿Cuál de las dos resulta más fascínate hoy día?



viernes, 29 de noviembre de 2013

Cortometraje: Aningaaq (Jonás Cuaron, 2013, 7') el corto que complementa a Gravity, subtitulado en español.



¿Has visto Gravity? Probablemente sí. La cinta de supervivencia espacial de Alfonso Cuaron, protagonizada por Sandra Bullock y George Clooney, no solo se ha convertido en la película acontecimiento del año sino que se trata de una de las pocas cintas que justifican el publicitado uso del 3D.Así que probablemente recuerdes esa escena en que la doctora Ryan Stone establece precario contacto por radio con un desconocido que habla una lengua extraña. Según Alfonso Cuarón: Gravity es una película sobre un personaje que esta desconectado literal y metafóricamente. Ella se ha aislado como persona incluso antes de que comience la acción. Nos gustó la idea de que finalmente entre en contacto con alguien en la tierra, y no solamente es este tío que no habla una palabra de inglés, sino que esta borracho”  Ahora, conoceremos el otro lado de esa conversación gracias a Aningaaq, el cortometraje de Jonás Cuaron (Hijo de Alfonso y co-guionista de la película). Aningaaq (Orto Ignatiussenes) es el interlocutor de Bullock, un pescador inuit que se encuentra en medio de un fiordo en Groenlandia,  en la soledad de la llanura de hielo, acompañado de su familia, sus perros y su botella de licor. Es un tipo de soledad y de lucha por la supervivencia muy diferente a la que vive la doctora Stone miles de kilómetros encima de él. 


La inspiración surgió a partir de la fascinación que padre e hijo comparten por el paisaje de Groenlandia. Alfonso contempló en uno de sus viajes a un pescador inuit borracho sentado en una enorme extensión de hielo con la única compañía de una emisora de radio. Durante el lento desarrollo de de su película, hubo algunos momentos en los que dudaron en cortar desde la aventura de Stone en el espacio hacia la situación de Aningaaq en su desierto de hielo. La idea quedó pronto desechada: una escena asó podría romper la inmersión del  espectador en la experiencia de la protagonista, algo que es, desde luego, uno de los puntos fuertes del planteamiento de Gravity. “Pensamos: tenemos que seguir con el plan, pero ¿No sería genial hacer un corto sobre Aningaaq?” Así que Jonás Cuarón volvió a Groenlandia con un presupuesto de Warner Home Video con la intención de rodar un cortometraje que pudiera incluirse como extra en las ediciones domesticas de Gravity.

    
Aningaaq es un complemento que no solamente apoya la película, sino que sirve como contrapunto. El aislamiento, la soledad y la distancia del esquimal son muy diferentes de los de la astronauta, aunque al mismo tiempo comparten un sustrato común que los define como humanos. Visualmente, el vacío blanco y resplandeciente de los enormes bloques de hielo ártico crea una sensación complementaria a la insondable oscuridad de la estratosfera. Y ambos personajes comparten un sentimiento de pérdida, aunque por motivos muy distintos. Este cortometraje comienza a ser considerado como favorito en su categoría en la próxima edición de los Oscar, en la que es posible que acompañe a la película que lo ha inspirado.

jueves, 24 de octubre de 2013

Cortometraje: Big Bang Big Boom (2010, 10’) de Blu

    Blu es el pseudónimo de un artista callejero de identidad desconocida. Lo poco que se sabe de él es que es italiano, vive en Bolonia y sus obras comenzaron a  aparecer sin avisar en las calles de diferentes ciudades a partir de 1999. Además de Italia, han aparecido murales de Blu en México, Managua, Sao Paulo, Londres y Berlín, entre otros. En Madrid  nos dejó en 2010 este hermoso dibujo, en plena Ribera del Manzanares, que representa a un círculo de señores metiéndose unos la mano en el bolsillo de los otros.

 
 Según su entrada en Wikipedia, escrita probablemente por algún entusiasta: “En resumen, la práctica artística de Blu ha contribuido a un cambio radical en el mercado artístico. Sus murales y sus videos aparecen gratuitamente en el espacio público de las ciudades y de internet. Sus ingresos proviene de la venta de copias. Las obras de Blu aparecen abruptamente porque se derivan de la creatividad libre de un artista que ha decidido ocupar una posición fuera del refugio del arte. De la misma manera mágica en que aparecen, pueden desaparecer, a veces cubiertas por otras pinturas del propio Blu, a veces arruinadas por el tiempo y los elementos, pero principalmente borradas por las autoridades en nombre de la limpieza”

    Además de sus obras murales, Blu se ha hecho célebre con una serie de cortometrajes de animación elaborados a partir de pinturas callejeras. La superficie de la ciudad se convierte en el fondo sobre el que las figuras se transforman de manera inagotable, utilizando los elementos de la vida cotidiana para crear personajes en continua metamorfosis. Estos trabajos comenzaron en 2005, con Child, y consiguieron una gran difusión a partir de Muto, de 2008; pero probablemente su mayor logro sea este Big Bang Big Boom, de 2010. Definido por su creador como “Un punto de vista poco científico sobre el origen de la evolución y sobre cómo podría terminar” , Big Bang Big Boom en una sorprendente cosmología con fondo urbano que utiliza la caprichosa transformación de sus figuras para enviar un mensaje de advertencia sobre las consecuencias de ignorar a la naturaleza.


lunes, 7 de octubre de 2013

Videoclip: Cool Song No.2, de MGMT, dirigido por Isaiah Seret con Michael K. Williams.


El grupo de rock psicodélico MGMT ha presentado el videoclip de su nueva canción, Cool Song No.2.  La pieza, como las canciones del dúo de Connecticut, parece provenir de otro mundo. Dirigido por Isaiah Seret, el clip cuenta con la participación del actor  Michael K. Williams, Omar en The Wire, Chalky White en Boardwalk Empire. Williams interpreta a un Plant Hunter. Un Plant Hunter, nos explican, es un criminal que convierte los árboles en drogas. En consonancia con su profesión, el actor se dedica a conducir un Porsche negro por autopistas solitarias iluminadas con luz amarillenta, a llevar ropa chula y a hacer cosas macarras en general, que a veces implican violencia. Pero todo esto dará un giro cuando su amante (interpetado por Henry Hopper, hijo de Dennis Hopper) desarrolle una extraña enfermedad por la que sus extremidades comenzarán a convertirse en órganos vegetales. 

El video fue escrito por el director y la diseñadora de producción Mindy Le Brock sin tener ninguna canción en mente. “Mindy y yo lo escribimos, en realidad, mientras estábamos atrapados en un pequeño aeropuerto en Sudáfrica. Estuvimos allí durante 24 horas, incluyendo una noche en un hotel que parecí salir de Lost in translation. Básicamente, ella tenía este personaje del Plant Hunter, y yo tenía el personaje del árbol, y para cuando cogimos el vuelo, ya estaba hecho. (…) Luego, la canción lo unió todo. Invocaba el mismo mundo, y revelaba giros de la trama, especialmente sobre la relación, y el
aprendizaje de los amantes a aceptar la pérdida”


 

Para Seret, la química entre los actores fue un asunto fundamental. “Cada uno trabajó su personaje y luego les dejé chocar en el set.  Ese día se conocieron por primera vez. No tenía claro si la química iba a conservarse todo el tiempo, en la escena del baño y demás,  pero sin duda ocurrió.  Y la química fue muy tierna y hermosa, especialmente con al canción sonando como música de ambiente mientras rodábamos”. Además de las interpretaciones, Cool Song No.2 destaca por su atmósfera, obra de uno de los directores de fotografía jóvenes más prometedores del cine norteamericano, Bradford Young. Young  asombró este mismo año con su trabajo en el éxito de Sundance Ain’t Them Bodies Saints.


lunes, 23 de septiembre de 2013

Cortometraje: Night Mayor (2009), de Guy Maddin (14')

En 2009, para celebrar su setenta aniversario, el National Film Board de Canadá encargó un cortometraje conmemorativo a uno de los directores canadienses más idiosincráticos: Guy Maddin. “Tuve que decir que si, aunque no tenía la intención de hacer un cortometraje en ese momento. Pero me sentía tremendamente honrado, porque el NFB es una institución tan importante, tan venerable, tan vieja. Tuve que recuperarme de la impresión y decir que si”. El National Fim Board de Canadá es una agencia del gobierno que se dedica a la producción audiovisual, financiando principalmente documentales y animación experimental. “La primera idea que tuve fue la de un recién llegado a Canadá, que intenta que los canadienses entiendan quienes son. Sabía que tenía que intentar algo así. Era como un eco de lo que es el NFB.” Night Mayor está protagonizada por Nihat Ademi, un inmigrante bosnio que inventa el Telemelodium, una especie de televisión natural, orgánica. El Telemelodium captura imágenes producidas por la aurora borealis y las transmite mediante las líneas telefónicas a todo Canadá. Pronto, las imágenes comenzaran a tener vida propia, a unirse entre ellas, creando nuevas imágenes que quedarán fuera del control de Ademi y de sus hijos.

Maddin ha desarrollado a lo largo de tres décadas un estilo inconfundible basado en la reelaboración de viejos códigos cinematográficos en estilizadas fantasías en blanco y negro que se desarrollan en unos extravagantes decorados de estudio. Su cine toma prestado elementos del cine expresionista alemán, del montaje soviético o de las coreografías de los musicales de los años treinta, pero no se trata de un ejercicio de reconstrucción mimética, sino más bien de recorrer caminos alternativos, senderos  olvidados: las películas de Maddin nos dan la sensación de estar viendo la forma que podría haber tenido el arte más popular del siglo XX si solamente su evolución estilística y tecnológica hubiera sido ligeramente diferente. En su anterior película, My Winnipeg, su estilo adoptó una evolución necesaria: se trataba de un documental de fantasía sobre la relación del cineasta con su ciudad, en la que la realidad, la imaginación, la historia y los sueños se mezclaban de manera poética y sorprendente. Ahora, parece querer aprovechar parte de los hallazgo de esa trabajo para darle un toque documental a este nuevo proyecto, utilizando por primera vez en su carrera la improvisación. 




 
“Dado que tradicionalmente el NFB se asocia con el cine documental, pensé que sería correcto si desarrollara una idea para un personaje o para una situación, y entonces les encargara a los intérpretes que lo desarrollaran. Aparecí en el set, como un documentalista, y les hacía permanecer interpretando todo el rato. Mi diseñador de producción les decía a los actores cómo funcionaba la maquinaria, y que hacer con ella, yo solamente los filmaba de la manera en que un director de documentales les filmaría.(…) teníamos a Nihad Ademi, que realmente existe, es un amigo mío, un inmigrante bosnio que ha pasado por  muchas de las cosas de las que habla en la pequeña narración. (…) yo simplemente le decía quien era: ‘Ademi’, le decía, ‘Has inventado esta máquina y el diseñador de producción Ricardo te va a contar sobre ella. De hecho, Ricardo va a estar caracterizado, y te va a susurrar al oído de vez en cuando cosas que hace, y nosotros simplemente vamos a hacer un documental sobre ti y tus hijos’”


El resultado, típico de Maddin, es una fantasmagoría inclasificable que crea nuevas posibilidades para el lenguaje cinematográfico. Se desarrolla en esa extraño pasado que nunca pudo existir, un tiempo cubierto por una espesa neblina tras la que se sugiere la presencia de una leyenda tomando forma. “Soy amnésico. Trato de usar la amnesia como si fuera mi amiga. Sabía desde el día uno que nunca iba a llegar a ser técnicamente tan hábil en el sentido Hollywoodiense del término. Sabía que no podía permitirme gastar todas mis energías en la continuidad. Así que mejor lo envolvía todo en una gran neblina de olvido, porque necesitas tener memoria para detectar los errores de continuidad. Creí que sería mucho mejor si todo el mundo estuviera en un estado de remembranza semidelirante. He intentado cubrirlo todo con una densa capa de olvido.”



miércoles, 11 de septiembre de 2013

Videoclip: Reflektor, de Arcade Fire, dirigido por Anton Corbijn

Arcade Fire han ascendido de las filas de la aristocracia indie al rango de la realeza del rock: si tienes alguna duda, échale un vistazo a los colaboradores de su último disco. Cuentan con la producción de James Murphy (LCD Soundsystem), la participación del mismísimo David Bowie haciendo coros en el primer sencillo y un videoclip para ese mismo tema, llamado Reflektor, dirigido por el veterano Anton Corbijn.

Corbijn, como fotógrafo y director de clips, es responsable de establecer las imágenes más icónicas de algunas de las bandas más famosas (Joy División, U2 y Depeche Mode, entre otros) y en los últimos años ha comenzado una carrera como director de largometrajes que incluye títulos como Control (2007), el biopic de Ian Curtis uno de los pocos ejemplos estimables de la reciente moda de la biografía musical; y El americano (2010), un thriller existencial  con George Clooney. Ahora presta la austeridad de su blanco y negro a la banda canadiense, en un giro de su imagen hacia terrenos más oscuros que acompaña su evolución musical


Win Butler canta sobre prismas de luz, sobre oscuridad blanca, sobre la era de los reflejos. Régine Chassagne le secunda en francés, menciona la noche y la aurora. El video de Corbijn acompaña de manera extrañamente literal las palabras de la canción, al mismo tiempo es una pieza bastante clásica del género, con su expresividad basada en el surrealismo pop, en los oscuros significados emocionales de sus imágenes. El matrimonio de cantantes conduce un camión en un viaje nocturno y desconcertante, la banda recicla las máscaras de papel mache que ya habían utilizado en el video de The Suburbs y, en honor del título, aparecen diversas superficies reflectantes, como bolas de discoteca y un hombre con el cuerpo cubierto de espejos de plástico.


Los próximos meses estarán muy ocupados tanto para los miembros de Arcade Fire como para el realizador holandés. La banda desvelara próximamente la banda sonora de Her, la próxima y esperada cinta de Spike Jonze (recordemos que anteriormente habían compuesto la música de The Box, una cinta de Richard Kelly que paso sin pena ni gloria en 2009); mientras que Corbijn estrenará A Most Wanted Man, su tercera película. Se trata de la adaptación de una novela de John Le Carré con Philip Seymour Hoffman, Rachel McAdams y Daniel Brhül en el reparto.


sábado, 10 de agosto de 2013

Videoclip: Formaldehyde, de Editors, dirigido por Ben Wheatley

    El director británico Ben Wheatley (Turistas) ha dirigido su primer videoclip (o, como él prefiere llamarlo, promo). El trabajo en concreto es una pieza audiovisual que acompaña a la canción Formaldehyde, interpretada por el  grupo de pop rock de Birmingham Editors. En ella, Wheatley no abandona su estilo: se trata de un western surreal con elementos de terror que destaca sobre todo, por una atmósfera inquietante.

    “Inesperadamente, me pidieron dirigir la promo para la canción de Editors Formaldehyde. Un montón de directores surgen de dirigir promos pop, no es mi caso. Mi ruta fue a través de la publicidad, internet y la televisión. El mundo de las promos pop es algo en lo que siempre he estado interesado. La música tiene un papel muy importante en mis películas, y siempre he admirado el trabajo de  Michel Gondry, Chris Cunningham, David Wilson y Dougal Wilson, por nombrar sólo unos pocos. Me sentí muy elogiado cuando me lo pidieron. Siempre mantuve que las promos eran una cosa de jóvenes (Básicamente porque nunca me habían considerado para dirigir una) Así que gracias a Editors por pensar en mi.

Rodamos en los viejos decorados de Hasta que llegó su hora, de Sergio Leone, en Almería, España. Fue toda una experiencia. El sol es tan brillante, tan fuerte (He rodado cuatro películas seguidas en el Reino Unido, así que eso me resulta bastante impresionante) Las montañas tiene un aspecto extraordinario, y allá por donde mires sientes la atmósfera de los spaguetti westerns (están poniendo continuamente la música de Morricone en los altavoces, así que es imposible no sentirlo)”


Protagonizado por un hombre que se adentra en un pueblo desierto del oeste arrastrando un ataúd, el clip resulta un homenaje a Django, el famoso western de Sergio Corbucci al que recientemente Tarantino ha rendido tributo. Aunque Wheatley cambia el barro y el clima lluvioso de la sierra madrileña por el desierto y el sol de Almería. Fiel a su afición a mezclar géneros, la pieza da pronto un giro misterioso hacia la ensoñación psicodélica, en donde se deja ver la influencia de otro western excéntrico: El topo, de Alejandro Jodorowsky.

“Rodamos la promo en un día, y fue todo muy frenético, pero muy divertido. Trabajamos con un gran grupo de vaqueros/figurantes/especialistas españoles, que llevaron con gracia las extrañas e increíblemente pesadas máscaras. Espero volver a Almería alguna vez y rodar un largometraje. Es un lugar sorprendente, espero que disfrutéis la promo”



martes, 30 de julio de 2013

Keep The Lights On

DIR:IRA SACHS
INT: THURE LINDHARDT, ZACHARY BOOTH
USA, 2012, 101'














Es el año 1998, la ciudad es Nueva York. Erik (Thure Lindhardt) es un joven director de documentales  de ascendencia danesa sin preocupaciones económicas que intenta buscar una pareja para pasar la noche.  Hay líneas  telefónicas para ello: Erik marca el numero, saluda a un desconocido, da un nombre falso e intercambia datos de interés, como su aspecto, sus medidas o si está circuncidado o no. Erik no lo está. Tras varios intentos fallidos, se cita con un hombre. Se llama Paul (Zachary Booth), y tras su encuentro, le dice que no se haga demasiadas ilusiones porque tiene novia. Sea como fuere, siguen viéndose. Es el año 2000, Erik y Paul están viviendo juntos. Paul trabaja como editor literario, y es un chico con un comportamiento algo caprichoso. Ambos tienen ciertas dificultades a la hora de comenzar y terminar el día con la misma persona. Algunas fuerzas los arrastran hacia el exterior, como si los cuerpos que les rodean poseyesen campos magnéticos. Otras fuerzas les arrastran hacia el interior de sí mismos, como el humo del crack que Paul inhala y que le aleja del alcance de todos, especialmente de Erik. Paul acostumbra a desaparecer de forma caprichosa, con el paso del tiempo, su comportamiento se vuelve cada vez más preocupante, y sus desapariciones hacen que quienes le rodean teman por él.

Keep The Lights On es el retrato de una pareja, una relación que se enfrenta a los condicionamientos emocionales de la vida urbana moderna: el difícil equilibrio entre la individualidad y el compromiso, un equilibrio que necesita negociarse día a día, momento a momento. Ira Sachs ha basado esta película en una experiencia personal,  la relación que mantuvo durante ocho años con el editor Bill Clegg, una relación que, como la de los protagonistas de esta película, estuvo marcada por los desencuentros, las discusiones y los inesperados detalles de afecto. La narración de Keep The Lights On es una sucesión de momentos que se asemeja a una recolección de recuerdos, momentos intensos que marcan el recorrido de una relación: instantes de furor sexual  o de recriminaciones amargas que Sachs nos muestra como si los años compartidos se pudiesen comprimir en una sucesión de instantes significativos. Entre ellos, la relación entre Erik y Paul, como tantas otras uniones  modernas,  se mantiene suspendida en un constante  estado de indefinición. 



Keep the Lights On retrata la inestabilidad de la intimidad en la vida moderna

Sachs abre su película colocando los créditos iniciales sobre cuadros de su marido Boris Torres  (El alter ego de Torres en la película es el personaje de Igor, un pintor ecuatoriano a quién Erik conoce en un bar  y cuya presencia hace que se plantee el final de su relación con Paul) Esos cuadros son retratos de hombres en los que el erotismo se aprecia tanto en las expresiones y posturas de los personajes retratados como en la mirada que propone el artista. Las pinturas establecen el tono de la película, principalmente porque el director adopta un punto de vista más pictórico que dramático. Keep The Lights On funciona como una sucesión de retratos de dos hombres un diferentes momentos de una relación, en los que las posiciones de sus cuerpos, su relación con el entorno y los efectos de la luz sobre todo ello definen el estado de las cosas.

Las imágenes de la película se asemejan a una serie de retratos de sus protagonistas
De esta manera, Erik y Paul se muestran como superficies expresivas, poseedoras de escasa profundidad psicológica. Poco sabemos de Erik más allá de su predisposición ingenua y despreocupada. Paul siempre aparece al fondo, ya que la historia se narra desde el punto de vista de su amante, y su figura se va difuminando a base de huidas caprichosas y escarceos con la adicción. El lugar es inequívocamente Nueva York, pero no vemos espacios abiertos ni lugares característicos: la cuidad aparece reflejada como un conjunto de interiores vistos de cerca, como lugares en que los cuerpos se encuentran y se separan, espacios que reciben su significado de las personas que los habitan y que a menudo conservan sus huellas aunque estas hayan desaparecido. La razón de todo esto es que Ira Sachs se ha enfrentado con un problema habitual de los dramas sentimentales contemporáneos: la dificultad de estructurar dramáticamente una relación cuyos vínculos son variables y caprichosos, y que necesita redefinirse a cada momento para poseer sentido. Lo que queda son las imágenes: el registro de las posiciones que se adoptaron, la distancia o el acercamiento de los cuerpos.  La relación entre Paul y Erik no tiene una estructura dramática, pero en cambio posee expresividad plástica. 


Bonus Track: Corto: Last Address (Ira Sachs, 2010, 8')


"He vivido en Nueva york durante veinticinco años y en ese tiempo no había hecho ninguna película aquí.
Hize un corto en 2010 llamado Last Address que dura ocho minutos. Es sobre un grupo de artistas neoyorquinos que murieron de sida, yo rodé imágenes de la última residencia en que habían vivido. Es simplemente una serie de imágenes de sus casas, y fué el primer paso que di para hacer una película en esta ciudad como cineasta narrativo." 

jueves, 11 de julio de 2013

Corto Animación: El hombre que tenía miedo a caer (The Man Who Was Afraid of Falling, Joseph Wallace, 2012)





El verano es una época perfecta para ver cine de animación, y, como es habitual, tenemos en la cartelera grandes producciones como Monstruos University o la segunda entrega de Gru, mi villano favorito. Si, además,  te apetece ver algo pequeño y artesanal, con un toque más personal e íntimo, aquí tenemos este corto de cinco minutos, El hombre que tenía miedo a caer. Se trata del  proyecto de graduación de Joseph Wallace y Emma-Rose Dade en la Newport Film School de Gales, que ha logrado la nominación a un premio Bafta (el equivalente británico del Oscar). El hombre que tenía miedo a caer cuenta la historia de Ivor, un anciano que vive solo en el último piso de un bloque de apartamentos. Cuando una maceta se cae desde su ventana, Ivor se pregunta que pasaría si eso le ocurriese a él; de esta manera comienza una huida guiada por el miedo a caer desde una altura. “Es una película sobre la fragilidad, la vida y la esperanza”

Varios diseños para el presonaje principal, Ivor
 La idea surgió en la mente del director cinco años atrás mientras viajaba por Italia contemplando su paisaje. Fascinado, Wallace no podía parar de dibujar lo que veía, y soñaba con descubrir la historia que pudiese desarrollarse en ese entorno. Apareció entonces Ivor, el anciano asustado ante su propia fragilidad que protagoniza esta historia. Cuando tuvo que presenta el proyecto final en la escuela de cine, pensó que esta sencilla historia, con un solo personaje, era algo ideal para poder hacerse en los ocho meses de que disponía el y su compañera de estudios Emma-Rose Dade. Técnicamente, el corto combina animación de marionetas stop-motion con animación en dos dimensiones pintada sobre cristal. Todos los elementos de la película se construyeron a mano con cartón, y cada movimiento se efectuó manualmente fotograma a fotograma. 

Emma-Rose Dade construye los edificios de cartón en los que vive el protagonista
La técnica es perfectamente dado el contenido del cortometraje: la fragilidad está presente en cada instante en esta historia protagonizada por un hombre de cartón cuyos cabellos son de papel pintado. Es una historia sin palabras en la que las imágenes y la música tiene la misión de transmitir las emociones. El aspecto táctil de  las marionetas en stop-motion (cada detalle, cada rugosidad, capturada por la cámara de alta definición) aporta una capa extra de emoción a esta historia sobre un hombre que debe superar su miedo a la decadencia de la materia. 

The Man Who Was Afraid of Falling from Joseph Wallace on Vimeo.

jueves, 20 de junio de 2013

Videoclip: I'm Waiting Here, de David Lynch y Likke Li

¡David Lynch saca nuevo disco! ¿Y por qué no? Uno, cuando llega a cierta edad, puede hacer lo que le venga en gana, y el director norteamericano sobrepasó ya cumplió hace algún tiempo los 65. Desde entonces, no hemos tenido noticias sobre ningún proyecto cinematográfico, pero en cambio, y para sorpresa de muchos, se ha mostrado muy activo en su faceta musical. En 2011 publicó Crazy Clown Time, una entrega de composiciones electrónicas que respondía exactamente a lo que los admiradores del cineasta podían esperar de él: algo extraño, desconcertante  y ligeramente inquietante. Su voz presidía el disco, distorsionada digitalmente para sonar como una especie de robot.
 
Su segundo disco llegará el 15 de julio, pero Lynch ha anticipado un tema a modo de presentación. I’m waiting here, en al que la voz corresponde a la cantante sueca Lykke Li. Por lo que parece, las nuevas canciones serán una asunto más convencional: Lynch las ha definido como “modern blues”: “La mayor parte de las canciones comienzan como alguna clase de blues jam y después toman otros caminos. Lo que resulta es un híbrido, una forma moderna de blues profundo” La nueva canción nos recuerda lo que le gustan al director norteamericano las voces femeninas lánguidas y las lentas melodías atmosféricas ¿Recuerdas la canción de Twin Peaks? Sobre su colaboración con Likke Li ha dicho: “Ella aportó su propio estilo a la canción, que tiene algo de doo-wop, pero de una manera que está muy alejada de los años cincuenta

La canción tiene además, un video promocional, que se nutre, como no podía ser de otra manera, del imaginario lynchiano. El video fue conceptualizado por Likke Li y el artista Daniel Desure y recorre una carretera (¿perdida?) durante la puesta de sol, hasta terminar en la oscuridad casi completa. El tono atmosférico de la canción le da un aire misterioso, la estructura repetitiva se adapta perfectamente al monótono trazado de la carretera. Al final, las luces incandescentes de los faros, la única iluminación en la más completa oscuridad de la noche, nos transportan a la típica atmósfera de una de sus películas: la de un lugar de apariencia banal en donde lo puede ocurrir lo inesperado. 



En Likke Li, Lynch ha encontrado un espíritu afín. La cantante sueca disfruta buscando el lado inquietante de las cosas más familiares, en unas canciones que recurren a estilos clásicos para darles un giro hacia lo más sorprendente. Como muestra, este video de la canción Sadness is a Blessing, del disco Wounded Rhymes, dirigido por Tarik Saleh y con la participación (mas bien la presencia) del mítico Stellan Skarsgård, habitual de Lars von Trier.




domingo, 2 de junio de 2013

En otro país

T.O: 다른 나라에서
DIR: Hong Sang-soo
INT: Isabelle Huppert, Yu Jun-sang
Corea del sur, 2012, 89'



 


Isabelle Huppert se unió al último proyecto de Hong Sang-soo mientras bebían makgeolli, vino de arroz coreano, en uno de los restaurantes favoritos del director, un local que ha aparecido en muchas de sus películas. “Voy a hacer otra película. No hay nada decidido aún ¿Te gustaría estar en ella?” “¡Si!”, respondió Huppert, con entusiasmo. Así que la película se construyó alrededor de la presencia de la actriz francesa, una extranjera en el pequeño y casi familiar equipo del cineasta coreano, y todo se articuló en torno a su presencia en la playa de Mohang, una pequeña localidad costera, en época de lluvias. Para un cineasta tan interesado por los equívocos, las pequeñas casualidades, los malentendidos y las repeticiones de los que se nutre la vida cotidiana, la experiencia de visitar un país extranjero es una fuente inagotable de microconflictos dramáticos las situaciones de leve comicidad, los materiales de los que se nutre su cine. El telegráfico inglés internacional utilizado por quienes no comparten la misma lengua; la gesticulación con la que se acompaña la ausencia de palabras; la incomodidad de escuchar a nuestros compañeros de viaje hablar delante nuestro en un idioma extraño, mientras tratamos de adivinar lo que dicen de nosotros, los malentendidos culturales y la fantasía o los prejuicios con los que nos enfrentamos a los desconocidos con quienes nos encontramos fugazmente son una fuente de situaciones ideales para aplicarles la ligera ironía con la que Hong acostumbra a retratar a sus personajes. 



 Cuando viajas por el extranjero te pueden pasar cosas así.

Isabelle Huppert es Anne, tres veces. La película nos cuenta, en tres capítulos de una media hora de duración, la visita de una mujer francesa a un pequeño pueblo de la costa de Corea, un lugar turístico fuera de temporada. En el primer fragmento, Anne es una exitosa directora de cine que visita a un colega del país, y que, ante la celosa mirada de su mujer embarazada, trata de zafarse de sus torpes avances. En la segunda historia, Anne es la esposa de un ejecutivo que visita el pueblo para encontrarse con su amante. Ante su ausencia por razones de negocios, la soledad en un lugar desconocido la conduce hacia la fantasía. Y, por último, Anne es una mujer abandonada por su marido a quien una amiga lleva de viaje,  con la esperanza de que encuentre algo de paz visitando templos budistas y conversando con monjes. En realidad, ella siente más bien la necesidad de aliviar su frustración sexual. Las historias se desarrollan como las variaciones sobre un mismo tema: se repiten los personajes y las situaciones: las tres mujeres preguntan por algún rincón pintoresco que visitar, piden prestado un paraguas, buscan un pequeño faro, conocen a un apuesto e ingenuo socorrista con el que tienen dificultades de comunicación, y dudan ante la misma bifurcación de la carretera que las conducirá a destinos diferentes pero igual de irrelevantes. ¿Son estas tres Annes mujeres diferentes o son variaciones de la misma persona? O, más bien ¿Es nuestra personalidad algo sólido o solamente algo que se manifiesta en la manera en que reaccionamos a las circunstancias en que nos vamos encontrando? 
  

El estilo de Hong es el equivalente cinematográfico de salir a dar un paseo en sandalias: no demasiado elegante, pero ideal para deslizar la vista de manera casual por los pequeños detalles de lo que llamamos vida cotidiana. Rueda con pequeñas cámaras de reportero gráfico, escoge localizaciones con poco glamour y nada de exotismo, extrae de sus intérpretes una trabajada naturalidad rodando toma tras toma hasta que logra el tono exacto. Favorece el plano general en el que compone con cuidado grupos de personajes que se miran, se dirigen la palabra o se dan la espalda revelando de esa manera detalles de su personalidad o de su carácter. El zoom reencuadra de manera a veces inesperada concentrando nuestra atención en algunos detalles, pero también revelando la presencia de la cámara, el artificio cinematográfico.  Hong contrasta el naturalismo de su puesta en escena con la estructura a veces conceptual de sus guiones, llenos de repeticiones, o como ocurre en este caso, variaciones. Si en un primer momento las imágenes de sus películas pueden parecer descuidadas, en realidad su forma de hacer cine es el reflejo de una visión particular del mundo. Hong busca la vida humana en los malentendidos casuales, en la cotidianeidad aparentemente irrelevante, en los rituales de la costumbre que solo tiene significado a medias. Para su peculiar forma de comedia de costumbres, adopta una cierta distancia a la hora de contemplar a los personajes, de esa manera nada resulta demasiado importante ni dramático, y las mayores preocupaciones de estas criaturas nos comienzan a parecer un poco ridículas, y sobre todo, nada trascendentes. Sus películas son con frecuencia, muy divertidas para quien sepa captar el registro sutil de su humor.

El contraste entre el naturalismo de las situaciones y las interpretaciones y el juego conceptual que proponen la estructura del guión y la puesta en escena es la dinámica que mantiene en tensión las ficciones del cineasta coreano. Podemos identificarnos con las situaciones tan cotidianas que viven sus personajes, hasta que las repeticiones o las simetrías de la narración nos alejan de ellos para revelar el artificio dramático, al mismo tiempo que percibimos la convencionalidad con que se desarrollan todas las relaciones humanas. Gran parte del interés de En otro país descansa, por supuesto, sobre la interpretación de Isabelle Huppert. A la actriz francesa el viaje le ha servido para moverse en un registro más relajado y tranquilo de lo que acostumbra, por lo menos en sus interpretaciones más prestigiosas. En esta película, adopta el tono distendido y curioso de una turista abierta a las nuevas experiencias, por fugaces que éstas sean; el recorrido le permite adoptar una asombrosa gama de matices y demostrar su dominio de la comedia sutil. Para Huppert, la experiencia del rodaje fue bastante parecida a la que vive su personaje: unas semanas comunicándose en un inglés precario con el minúsculo equipo coreano, mientras Hong escribía cada noche las escenas que se rodarían al día siguiente. Una experiencia de extrañeza y cercanía al mismo tiempo. 



 Además de las historias de la mujer francesa, una trama argumental interrumpida enmarca los tres episodios. Se nos introduce a una historia de intrigas familiares poco claras en las que una madre y una hija se preocupan por la conducta de un tío suyo que ha podido involucrarlas en actividades poco legales. La hija decide escribir un guión para relajarse, y a continuación aparece Isabelle Huppert en la playa, una vez, otra y otra. La guionista aparece como uno de los personajes de la historia: la empleada del pequeño hotel que respondiendo a las cuestiones de la francesa sobre los atractivos locales desencadena una y otra vez los equívocos. Es un juego narrativo, mitad en broma, mitad en serio, que además, le sirve a Hong para presentar las historias como unos esbozos, vagamente apuntados, a la huida sobre un cuaderno, como un registro huidizo de comportamientos indecisos.